Siento haber tardado tanto tiempo en subir, ahora que estamos de vacaciones espero subir más seguido. Gracias por leer y no os entretengo más. Os dejo con el capi. Espero opiniones ;)
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En el capítulo anterior…
Entramos en el hotel y para ser un hotel de 5 estrellas no había mucha
gente. Miraba para un lado y para otro y sólo estaba la recepcionista, nadie
más.
-No hay nadie.
David: Es por aquí, dijo señalando hacia la derecha.
-¿Dónde vamos?-dije parándome.
David: No seas impaciente, ahora lo ves.
Me agarró de la mano y tiró de mí para que avanzara. Llegamos a una
puerta blanca acristalada y se paró.
-¿Qué es esto?
David abrió la puerta y entramos. Era un salón realmente grande,
decorado con rosas rojas y velas. Era precioso. Me dejó sin palabras.
David: No había gente en el hall ni tampoco aquí porque lo reservé
exclusivamente para nosotros. Sólo un salón de un hotel de 5 estrellas puede
estar a la altura de la dama que tengo enfrente.
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Sigue narrando Carmen…
No sé cómo he podido ser tan estúpida y creer que me traía a un hotel
para acostarse conmigo, pero a ver me dice que es una cita y es en un hotel
pues es lo primero que he pensado… ¿Qué hago hablando sola teniéndolo al lado?
Vuelvo a mirar a mi alrededor y todo esto es precioso, solo alguien
como él podía haber hecho algo así. Sentí como mis lágrimas rodaban por mis
mejillas.
David: No llores, las princesas no lloran.
-Siento todo lo que te dije.-mis lágrimas seguían saliendo.
David: Entiendo tu reacción. Vamos a tener una cita y te traigo a un
hotel… es normal que pienses así. Déjame explicarte.
-¿Me vas a explicar cómo lo has hecho?-digo señalando toda la sala.
David: No, te voy a explicar por qué. Si después decides irte, lo
entenderé.
-Te escucho.
David: Desde que te vi, sentí algo aquí – señala su corazón – difícil de
explicar. Sentí que te conocía de toda la vida, simplemente me enamoré de ti.
Cuando sonríes siento que me enamoro más y más de ti y cuando te veo llorar,
solo pienso en limpiarte esas lagrimitas –dice limpiándome las que caían por
mis mejillas- y en besarte esos labios que son mi tentación día tras día. Para
mí eres especial, y esto –dijo señalando la sala- es para demostrarte un
poquito de lo que significas para mí.
Después de escuchar todo esto no podía articular palabra, quería
contestarle pero las palabras no salían, era como si no pudiese hablar.
David: Será mejor que nos vayamos.-dice cabizbajo mientras sale
dirección a la salida del hotel.
-Espera.
Sigue caminando como si no me hubiese escuchado. No puedo dejar que se
vaya, no después de esto. Como si de un impulso se tratase salgo corriendo
hasta alcanzarle y le abrazo por la espalda.
-No te vayas.
David: No quieres que esté contigo, no merece la pena que esté aquí.
-No saques conclusiones sin antes dejarme hablar, por favor.
Se gira y nos miramos a los ojos.
-No te he dicho nada porque no me esperaba que dijeses todo eso, como
tampoco me esperaba eso.-dije señalando a la sala.
David no hablaba, solamente me miraba.
-Ahora el que se ha quedado mudo has sido tú.
Reímos.
David: Me gustaría que vieras lo que te preparé.
-Por mí encantada.
David: Vamos entonces.
Nos dirigimos a la sala que me había enseñado antes. Abrió la puerta
como hizo anteriormente, entramos y vi que en una mesa había un ramo de flores.
-¿Es para mí?
David: Claro.
Me acerco a la mesa y huelo las flores.
David: Tú hueles mejor.-me dijo susurrándome al oído.
Me limité a sonreír, no sabía qué contestarle. Sentía que estaba en las
nubes. Sólo un roce de su piel con la mía, una sonrisa o una palabra es suficiente
para que me derrita.
Un hombre entró. Resultó ser un camarero.
Camarero: ¿Les sirvo ya?
David: Sí.
Me agarró de la mano y fuimos hacia la mesa. Separó la silla y me
senté. Rodeó la mesa y se sentó. Ninguno decía nada. Yo jugaba con los cubiertos
y él con la servilleta. Estábamos en un silencio absoluto pero para nada
incómodo.
Llegó el camarero y sirvió la cena.
Seguíamos sin decir nada. Soltó los cubiertos y me miró. Yo hice lo
mismo.
David: Por ti bajaría el cielo y las estrellas, las pondría en el techo
de tu habitación para que todos los días las pudieses tocar.
En ese momento me perdí en sus ojos marrones, esos ojos que cuando me
miran, hacen que todo en mí se paralice.
Carmen: Con tenerte a mi lado tengo más que suficiente.
David: Gracias a ti descubrí que…
Comenzó a cantar.
David: y es que vuelvo a verte, vuelvo a respirar profundo y que se
entere el mundo que de amor también se puede vivir, de amor se puede parar el
tiempo.
¿Puede ser más mono?
David: Te quiero y quiero hacer que sonrías y que vuelvas a ser la
chica alegre de cuando te conocí.
Carmen: ¿Qué has dicho?
David: Que quiero que vuelvas a sonreír.
Carmen: No, antes de eso.
David: Que te quiero.
Un silencio invadió el salón.
Mi ídolo diciéndome que me quiere, en un salón de un hotel 5 estrellas que ha reservado para nosotros y
no te dignas a decirle nada, ¿pero qué te pasa?-dijo mi subconsciente.
No sé qué hacer, no sé cómo reaccionar, no todos los días tu ídolo te
dice que te quiere y si lo hace no de esta forma.
David: ¿Estás bien?
Carmen: Sí, solo que no me esperaba tus palabras.
David: Entiendo que no sientas lo mismo que yo pero…-le interrumpí.
Carmen: Claro que siento lo mismo que tú. Me enamoré de tus ojos, de tu
dulce sonrisa, de tu ternura, me enamoró tu forma de ser. -hice una pausa-
Fuerte pero a la vez frágil…
Me interrumpió con un beso y a ese beso le siguieron varios más. Me
estaba besando con David y sentía que estaba flotando en una nube rodeada de
estrellas y del cielo azul intenso.
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